Y acá estamos, en la plaza acariciando perros, tomando un vino áspero como si recién hubiéramos salido del bar pero nunca entramos (nunca entraste) y ya son las ocho de la mañana, el sol salió hasta en este otoño de días cortos. Seguimos girando en las hamacas y vos seguís cantándome esa canción que nos gusta. Me cantás en la cara, sostenés mis cadenas que no paran de hamacarse, nos vamos a chocar. Y nos chocamos. Y seguimos un poco esquivando miradas. "Vos sos mi amiga" decís mientras me pasás el vino tan áspero que no podemos terminarlo y la que corre la mirada al perro que nos ignora soy yo.
"Mejores amigos", volvés a decir y te miro. Tenés la mirada turbia del vino y el faso pero me mirás, "amigos para siempre" te contesto sonriendo y te bajás para acercarte al perro. Desvariamos con él y sus nombres, se llama Fausto Moriarty para siempre (¿por qué siempre desvarío sobre perros con quien quiera que sea?).
¿Por qué no estás borracha como yo? Estoy más loca que borracha, eso pasa. Que bien nos haría un fasito ahora. Sí. Silencio. Es tan difícil hablar con vos y tus silencios. Perdón, podemos hablar de lo que sea. No, igual está bien pero no tenemos relojes y debe ser tarde, estoy borracho y vos sobria y callada, no puedo dejar de cantar ni tomar. Está bien, de todas formas es el horario correcto, cuando veamos un cartero vamos a la parada. Hoy es domingo, ¿hay carteros? Ja, creo que no, hice trampa. Me gusta esa trampa.
Sos mi amigo, lo sé. Sos también mi pequeña obsesión y tal vez lo sepas, el disimulo no es mi aliado pero estoy en tregua con esos sentimientos porque ser tu amiga me trae paz también. No soy tan estúpida como para creer en la friendzone porque ser tu amiga no es tortura alguna, no hay un recordatorio constante de fatalidad al hablar con vos. Te acompaño cantando esa canción y estás contento. Hacemos cada uno nuestros respectivos papeles, vos Ariel, yo Soko, los dos en esa Lovetrap. La cantamos una, dos, tres, cuatro veces, mezclamos versos, la volvemos a empezar antes de terminar. La actuamos en nuestras hamacas, giramos, nos vamos a chocar y paramos. Siento sal en la boca pero no quiero vomitar, es raro, no estoy mareada. Te recostás sobre mi hombro y por primera vez decido no mirarte porque no sé que voy a hacer o decir si te miro a esa distancia. Pero la curiosidad me puede y te miro cuando me mirás y me das un beso que al principio no sé si puedo responder pero sucede. Nos hamacamos un rato más y pasa una camioneta de Correo Argentino y nos cagamos de risa bien fuerte.